03 febrero 2006

20 años de la explosión del Challenger

La misión 51L/STS-33 del STS (Space Transportation System-Programa del Transbordador Espacial) estadounidense, la número 25, terminó en desastre. El 28 de enero de 1986 la nave se desintegró a los 73 segundos del despegue. Un sello en forma de anillo del cohete derecho empezó a fallar, a causa de una combinación de inspección inadecuada y baja temperatura ambiental en el sitio de lanzamiento. Gases calientes salieron del cohete hacia el punto donde se unía con el tanque central de combustible, causando un fallo estructural. El cohete chocó con el tanque de combustible y lo rompió. Poco después el transbordador se deshizo mediante fuerza aerodinámicas, y el combustible se encendió causando una bola de fuego.

El desastre del Challenger se produjo en una era de presupuestos reducidos y una constante necesidad de justificar el programa de los transbordadores, iniciado en 1981 con el Columbia. La Nasa esperaba que enviar una profesora al espacio hiciera resurgir el interés público en los vuelos.

Esto pese a que la noche anterior, ingenieros de la Nasa recomendaron telefónicamente no lanzar la nave porque datos recientes mostraban que las bajas temperaturas podrían afectar la resistencia de los sellos. Según un informe encargado por el Presidente Reagan, bajo la presión de los superiores de la Nasa los profesionales procedieron pese a esta información.

La tragedia de la Nasa pasó a la historia, junto a numerosos mitos. Uno de ellos se refiere a la cobertura televisiva: aunque las imágenes son famosas, muy pocas personas vieron en directo cómo se despedazaba la nave. Eran los inicios de las noticias en la televisión por cable y, si bien CNN transmitía el evento, la mayoría de las grandes cadenas ya emitía otra programación al momento del accidente y luego usaron imágenes grabadas. Según los informes, la tripulación no murió instantáneamente cuando la nave se desintegró 73 segundos tras el despegue. La cabina resistió la explosión, y cayó al agua tres minutos después y los informes indican que los astronautas estaban vivos, pero la velocidad de 321 km/hr destrozó la estructura, aunque otros supuestos indican que la presion de aire dentro de la cabina se perdió, y se supone que ellos murieron por falta de oxígeno antes de caer en el Océano Atlántico.

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